Desde la lluvia de albóndigas, hasta el Tibet pasando por el Hospital Quirón de Madrid
publicado por Atala Martín el 03.Jan, 2010, bajo la categoría Aprende a vivir
No suelo escribir nungún post de ningún blog en primera persona. Pero hoy me voy a dar el gustazo y el placer de hacerlo porque aunque se trata de una viviencia pequeña e insignificante, ha supuesto en mi vida una vía de escape interesante que desde hace apenas dos días trato de aplicar, no sé si con buenos resultados todavía, aunque me da la sensación de que puede que así sea.
El día 29 de diciembre pasado volvía con mi familia de ver una película en el cine: Lluvia de albóndigas. Interesante pese a lo absurdo del tema. En la sala llovían albóndigas, plátanos, tortitas con nata, chuletones… en la calle caían chuzos de punta. Tanto que a la entrada del portal mi madre se resbaló con el agua deslizante con tan mala suerte que se partió la cadera.
Corriendo a urgencias del Hospital Quirón de Madrid (aprovecho para enviarles un saludo dado lo maravillosamente que se portaron con mi madre y con el resto de mi familia todos y cada uno de los allí presententes: médicos, enfermeras, personal…), y operación al canto, con clavos y demás. Un operación fácil y con resultados impresionantes: el día 1 de enero por la tarde mi madre andaba, con dificultad pero andaba.
El caso es que como suele ocurrir, las operaciones y estancias en hospitales conllevan algún tipo trastorno psicológico en los que uno se replantea algunas situaciones en la vida. Tres días en un hospital pueden descansar la mente o agitarla. Y esto último le ocurrió a mi madre.
La buena noticia es que se nos cruzó el anestesista y ahora amigo: el Dr Emilio, quien viendo el percal nos contó algunas de sus vivencias mientras estuvo internado en un monasterio budista en el Tibet. Cuenta Emilio que iban dos monjes budistas, los cuales tiene voto de “no tocar a ninguna mujer” por el camino hacia el monasterio. Vieron entonces a una chica que trataba de cruzar el río pero no podía. Uno de ellos se arremangó, la cogió en brazos, la cruzó en río y acto seguido, ambos monjes continuaron su camino. Horas después y cuando ya estaban a punto de llegar a su destino, uno de ellos le preguntó al otro:
- ¿Cómo es que has cogido a la mujer?
a lo que el otro le respondió: – Ah! pero ¿es ´que tú sigues cargando con ella?
La enseñanza de esta pequeña historia, la dejo a cada uno. Personalmente creo que debemos vivir el presente como un inmenso regalo, hay que preocuparse de los problemas cuando existen y tratar de solucionarlos con humildad. El pasado queda atrás y no vale para nada más que como lastre.
El futuro es posibilista y hay que preverlo, pero lo importante es vivir el presente con intensidad. Siendo consciente de cada acto e intentando que los de alrededor vivan lo mejor posible a nuestro lado.
Una vez más, Gracias amigo Emilio.





January 5th, 2010 en 21:46
Me alegra la enseñanza. D esto se extrae que de las cosas malas, siempre se extraen algunas positivas