Antonio Papell: “Llamada al optimismo”
publicado por Atala Martín el 02.Mar, 2010, bajo la categoría Aprende a vivir
La influencia de la psicología en la economía es incuestionable, aunque como siempre ocurre con las ciencias sociales, vaporosas e inconcretas, resulte muy complicado plasmar esta evidencia en reglas empíricas. De cualquier modo, es un hecho contrastable que la reacción colectiva ante la crisis -en España y en los países de nuestro ámbito político, económico y cultural- ha sido la imaginable: ha caído vertiginosamente el consumo y se ha disparado paralelamente el ahorro.
Los últimos datos son éstos, según el Instituto Nacional de Estadística: la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se situó en el 14,1% de su renta disponible en el tercer trimestre de 2009, 4,6 puntos más que hace un año y el máximo histórico en un tercer trimestre, aunque cayó 10 puntos respecto al trimestre anterior. Si se toman como referencia los últimos cuatro trimestres móviles, esa tasa repunta hasta el 18,7% de la renta disponible, 1,1 puntos más que en el período móvil precedente y su nivel más alto de la serie histórica desde el año 2000. Sobre la utilización de la renta disponible, el gasto en consumo final de los hogares cayó un 6,3% en este periodo, lo que provocó que el ahorro aumentase un 46,3% hasta alcanzar los 24.652 millones de euros, que suponen 7.798 millones más con respecto al mismo trimestre de 2008.
Esta parálisis del consumo ha tenido sin duda un parangón en el retraimiento de la iniciativa empresarial: de la misma manera que las familias prefieren ahorrar a gastar por prudencia, los empresarios son poco propensos a invertir en épocas de crisis.
Con lo que no es descabellado afirmar que si se infunde optimismo sobre los agentes económicos, se contribuirá a dinamizar la economía y a acelerar el despegue de la crisis. Éste es de hecho el objetivo de la iniciativa emprendida por el Consejo Superior de Cámaras a través de la Fundación Confianza, que invertirá cuatro millones de euros, recaudados entre las grandes compañías privadas del país, en una campaña publicitaria claramente encaminada a alentar el optimismo y estimular la demanda. La campaña, consultada con los partidos, no es política y cuenta con el apoyo de famosos de diversa procedencia.
La iniciativa es pese a todo controvertible y por tanto polémica, y no faltan quienes piensan que entre bastidores se mueven fantasmas partidistas.
No en vano el debate sobre la propia crisis y sus terapias está politizado hasta la náusea y son conocidos los vínculos entre el presidente de las Cámaras, Gómez-Navarro, y el Gobierno socialista. En todo caso, es muy probable que la reacción más sensata ante el voluntarismo de la campaña sea el escepticismo de casi todos. Porque el pesimismo y el optimismo de los agentes económicos en general y de los consumidores individuales en particular no son meramente intuitivos ni subjetivos: se basan en argumentos racionales, por lo que es dudoso el efecto que pueda producir sobre ellos la publicidad.
En realidad, la mejor manera de alentar el optimismo, de estimular el consumo, de fomentar la demanda interna consiste en mejorar la calidad de la política y la consiguiente confianza; en depurar las grandes decisiones, que deberían adoptarse mediante acuerdos lo más amplios posible; en alcanzar, en el extremo, el pacto de Estado que la Corona postula y que los partidos aseguran que pretenden conseguir. Sin todo esto, el intento de euforizar a los curtidos y sensatos españoles será muy probablemente inútil.




